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Tupac: historial

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La líder que salió del infierno - Critica Digital

Fue la revelación de la Constituyente Social que hizo este fin de semana la CTA. Es la referente de Tupac Amaru, la organización barrial más grande de Jujuy.
 

 
 

A Milagro Sala, la líder de la poderosa Organización Barrial Tupac Amaru de Jujuy, no le gusta el título de la nota que hace unos meses le hizo una revista cultural italiana: “La última reencarnación de Evita”. Para “la Flaca”, como le dicen en la capital jujeña los que la quieren y “esa negra colla”, los que no, la comparación “es demasiado” porque “Evita fue lo más grande”. Además, a Milagro no le convencen los protagónicos, ni siquiera el suyo que, de la nada, de un pasado de pobreza, drogas, cárcel y prostitución, armó “junto a los compañeros” un movimiento de 70 mil afiliados, que emplea a 4 mil personas en sus distintas fábricas cooperativas, que construyó 2.600 viviendas populares, 400 centros “copa de leche” y una escuela para chicos y adultos.

Esta mujer de 44 años, petisa y vital, en bermudas y con una camiseta de Gimnasia y Esgrima de Jujuy, explica que “no busca participar en ninguna elección ni competir con el Estado”, a pesar de que la Tupac es la tercera empleadora provincial.

La obra de la Tupac es tan vasta en todo Jujuy que relegó la de otros movimientos, entre ellos el del Tupac Katari, de Carlos “el Perro” Santillán, ex compañero de Milagro en la lucha contra el menemismo durante los noventa, hoy distanciado.

Milagro, además, milita en la CTA y fue la gran protagonista de la Constituyente que armó la central el fin de semana pasado en San Salvador: casi cinco mil “tupaqueros” desfilaron con estilo marcial por las calles céntricas y por las de tierra del barrio pobre Alto Comedero, en el que la Tupac construyó 1.400 casas de tres ambientes, coloridas y con todos los servicios. Es que la disciplina, comentan “los tupaqueros”, es el principal secreto del trabajo de Milagro.

Ahora mismo, en su casa del barrio humilde de Cuyaya, Milagro pide un mate con un gesto y el mate aparece humeante y a la orden. Pululan por su casa amigos, militantes o “hijos del corazón”, como llama a los 30 chicos de la calle que adoptó a lo largo de su vida.

Las otras patas del trabajo de la Tupac son “trabajo, voluntad y no afanar”, cuenta. Se refiere a los recursos que les baja el gobierno nacional desde el Ministerio de Planificación y de Acción Social de Alicia Kirchner, “una amiga”, admite ella.

De los Kirchner, Milagro tiene una mirada positiva y, a la vez, algo crítica. “El hambre acá no empezó con ellos, sino con Menem, De la Rúa y Duhalde. Los Kirchner, a pesar de que deben cambiar cosas, no son nuestros enemigos”, interpreta.

Después de hacer changas como lustrabotas y caer presa durante casi un año, “sólo por ser pobre”, aclara, Milagro arrancó su militancia en la Juventud Peronista, de la que, “indignada con las privatizaciones”, se desafilió a principios de los noventa.

En 1999 nació la Tupac: “Éramos cinco”, se acuerda Milagro. Un par de años después empezó el despegue, el crecimiento territorial de la organización. Víctor De Gennaro, entonces titular de la CTA, le había recomendado entonces a esta ex empleada provincial y delegada de ATE que recorriera los barrios pobres. Ella, con “dudas y miedo de defraudar a los compañeros”, arrancó y no paró.

Hoy, sólo en el Alto Comedero, hay un centro de salud, un polideportivo público, una fábrica textil, una cementera, una metalúrgica, 1.400 casas, hasta una iglesia y una enorme pileta “símbolo de lo que los pobres nunca tuvieron”, opina.

La clase media llama despectivamente al predio “el country de los villeros”. Ella se ríe. Al lado de fotos del Che, de Evita y de Tupac, de la Bandera argentina y la andina, el cartel de entrada da la bienvenida al “Cantri de la Tupac Amaru”.