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Tupac: historial

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De remate - Por Horacio Verbitsky

La insólita denuncia del senador Morales contra Milagro Sala, de quien acaba de descubrir que es mafiosa y vinculada con la droga. Exasperación por el crecimiento de formas de organización popular que acaban con el clientelismo y la marginalidad, mientras se definen nuevas relaciones de poder, en el Congreso, en los partidos, en el mundo sindical, en su relación con las empresas y en los contextos regional y global.
Gerardo Morales dice Tupac Amarú, como pronunciaban los colonizadores españoles. Así lo aprendieron desde hace siglo y medio los niños porteños en las escuelas públicas del positivismo encargadas con el Ejército y su servicio obligatorio de homogeneizar a la inmigración europea. Milagro Sala y sus compañeros en la organización social autogestionaria más extensa y original del país dicen Túpac Amaru, como los aymaras y el mundo andino.

 

 
 

La desavenencia lingüística proviene de un abismo cultural (Milagro Sala dice que antes que argentina es americana y reivindica la historia anterior a la llegada de Colón), con componentes sociales, económicos y políticos. Sus ecos se amplifican en este momento de transición de la escena nacional, cuando se definen nuevas relaciones de poder, en las cámaras del Congreso Nacional, en los partidos políticos, en el mundo sindical, en su relación con las empresas y en los contextos regional y global.

Cazador sin presa
La aprobación por amplia mayoría de varias leyes importantes, entre ellas la de comunicación audiovisual, ha exasperado a las fuerzas de oposición que no consiguen someter a una fuerza que luego del mediocre resultado en las elecciones de medio término no ha perdido la voluntad política ni la capacidad de concretarla. “Son como un cazador desconcertado porque no encuentra la presa herida allí donde la vio caer”, dice un dirigente sindical de relación ambivalente con el gobierno.

Morales y su principal aliada, Elisa Carrió, están entre los más exaltados, por razones que además se vinculan con la interna del tronco radical y sus adherencias. La noche del 28 de junio, con el ingenio publicitario de la chaqueña, clamaron victoria, una hipótesis poco compartida. Esta semana la UCR elegirá a su nuevo presidente. Morales no está en condiciones estatutarias de ser reelecto, pero no ha perdido la esperanza de forzar una reforma para permitirlo. Carrió aún no puede ocultar la frustración por su tercer puesto porteño. Sonríe, guiña el ojo, ironiza que no puede hablar del 2011, que les pregunten a los que ganaron. Pero cree que, con su ayuda, Morales sería mejor candidato que el vicepresidente Julio Cobos, lo cual mide la devaluación de ese espacio.

Su pulsión primordial es aniquilar a Kirchner, la secundaria, destruir a Cobos. Cuadrar ese círculo de fobias es tan difícil como sostener que la Túpac Amaru es una fuerza de choque kirchnerista y que Quebracho la apoya. Cuando Morales y María Eugenia Estenssoro hablaban en el Senado de grupos armados y Oscar Castillo comparaba la situación argentina con la de la Italia de preguerra, el rostro del presidente de la bancada radical, Ernesto Sanz, la alternativa de Cobos a la reelección de Morales era elocuente.

La armonía no es mayor entre los miembros de Unión-Pro, donde tanto Francisco De Narváez como Maurizio Macri y Felipe Solá aspiran al mismo cetro. (De Narváez también apuesta al Uruguay, donde aportó recursos a la campaña del Menem oriental, Luis Lacalle, para las pegatinas Muji-K y las de las Brigadas Bolivarianas, la contratación como asesor del ecuatoriano Jaime Durán Barba y la movilización del partido blanco en Buenos Aires). Para terminar de complicarlos apareció el ex senador Eduardo Duhalde, con su eterno know-how del empujón y sus siempre bien dispuestos socios del Episcopado Católico, que anhelan recuperar la centralidad que Duhalde les dio en 2001 para el derrumbe del gobierno corrupto y violento de Fernando De la Rúa y la resignación ante la brutal transferencia de ingresos consumada en días.
El dirigente patronal agropecuario Eduardo Buzzi, en ruta hacia Luján con una Virgen y un estandarte del Sagrado Corazón e invocando ante Clarín “un clima enrarecido, como el del segundo semestre del 2001, de salida de la convertibilidad”, señalan el sendero. La Túpac Amaru es un fantasma que todos ellos agitan, con múltiples propósitos: atacar al kirchnerismo que le ayudó a consolidarse como expresión territorial e ideológica, abortar el crecimiento de una forma de organización social sólida y viable, generar una imagen de inestabilidad y violencia al que pueda atribuírsele cualquier hecho desestabilizador y forzar al gobierno a renunciar a uno de los pilares de su política: la decisión de no reprimir a las organizaciones sociales que lo diferencia de Menem, Duhalde y De la Rúa.

Ni puentes ni rutas
El abismo cultural cifrado en la ace